domingo, febrero 02, 2014

Desde Laprida

Con Jn ya sabemos el efecto que nos generan las mañanas. Son el día después, son la resaca de todo lo que dio la noche, son el buscar fuerzas y motivos para empezar el día cuando no todo lo que te gustaría que fuera es. Jn y yo ya somos inseparables confidentes de sensaciones, vivencias, verborragias, emociones, y humillaciones del minuto a minuto.

Jn y yo medimos nuestros tiempos, anticipamos reacciones, somos brutalmente honestos y somos oyentes incondicionales.

No sé ni hace cuántos años tuve mi último amigo así. Muy probablemente sea el tipo de compañía constante que pensé que se dejaba atrás en la adolescencia y desaparecía en la adultez, como recordatorio de que estás solo ante y para todo. Una se olvida a veces de que, en realidad, las cosas pueden ser tanto más fácil.

De esas veces en que a uno le vuelve a caer simpático el uruguayo que dice:
12 segundos de oscuridadpara que se vea desde alta marde poco le sirve al naveganteque no sepa esperar.

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